esclavo

esclavo de tus pensamientos
que buscan la contradicción
para cada situación que aparece
la mente busca el error

esclavo de tus observaciones
que necesitan la calificación
cada situación que pasa
la congelas para criticarla

la sandía

tienes delante a tu familia
repartiéndoos una sandía
vas comiendo y comentando
sobre el color dureza
y otras sandías

pero la experiencia
es más descriptiva

quieres que te entiendan
que sientan lo que has sentido
que vuelvan a donde estuviste

pero la experiencia
es exclusiva

quedan los hechos

quedan los hechos
cuando se pasan por la mente
llenos de características
que no les pertenecen

se formarán más recuerdos
cuanto más se piense
se insertan en la mente
y parece que ocurren siempre

lo que pasó ya no está
y quien fuiste ya no eres
esos pensamientos no te describen
hablan sobre alguien que no existe

me aburro

me aburro
y en vez de mirar un árbol
miro la pantalla
porque el árbol está quieto
y mi mente quiere jaleo

me aburro
y en vez de averiguar por qué
me voy a emborrachar
porque temo a mis adentros
y mi mente quiere jaleo

si te crees lo que lees

si te crees lo que lees
si crees lo de la escuela
si te crees la tele
si te crees lo que cuentan
si la última palabra
la tiene la ciencia

si prefieres creer a saber
si te crees lo que piensas
si no diferencias
creencia de certeza
desecharás este poema

Parábola sobre la inconsciencia

Una noche iba haciendo footing un hombre por el carril bici, con una bici acercándose por detrás y otra bici por el otro carril en sentido contrario. El ciclista que iba detrás del corredor empezó a resoplar algo agitado y nervioso. Ya veía desde lejos la incorrección que estaba cometiendo el corredor, que podía estar usando la acera que tenía al lado, pero no lo hacía por alguna razón desconocida. Siguió pedaleando. Vio a la bicicleta que venía por el carril opuesto, pero pensó que le daría tiempo a pasar, además de que tenía hueco, ya que el corredor se debería quitar cuando le viera cerca, obviamente por tratarse de un carril-bici. Los dos ciclistas se chocaron y cayeron al suelo. El corredor no había oído la bici porque iba con los cascos.
Tras la aparatosa caída, el hombre que intentaba adelantar le echó la bronca al corredor por ir por el carril bici. Empezó a gritarle y a hacer aspavientos desde el suelo. El corredor escuchaba en silencio, pidió perdón y se fue. Entonces, se lo volvió a explicar al otro ciclista. Además, se dio cuenta de que no llevaba luces en la bicicleta y se lo echó en cara. El otro también le pidió disculpas y reanudó su marcha.

Aunque la historia le pone de mal humor, todos sus amigos la conocen.
Aunque se hizo un esguince de la caída, fue uno de los momentos más satisfactorios que su ego recuerda. Pero esto no se lo ha dicho a nadie.