Qué pasa en Facebook

La manía repetitiva de comentar las fotos de la fiesta. Los que estuvieron presentes en ella suelen comentar alguna característica de sí mismos que no les gustan, siempre desde un punto de vista negativo. Esto responde a un afán y deseo egocéntrico de hablar de sí mismo, disfrazándolo de un comentario negativo. Se acepta más el hablar de sí mismo desde el pesimismo, porque desde el optimismo se corre el peligro de ser tachado de prepotente o creído. ¿Alguien se imagina a otro alguien diciendo “Hala, ¡qué guapo salgo!”? Recordemos que el culto a uno mismo es una de las bases sustentantes de Facebook, pero, como siempre, hay que disfrazarlo.

Hacer clic en “Me gusta” en una foto de otro, o en el tablón de otro, no es más que una reafirmación de lo anterior, aunque también tiene otra finalidad. Cuando clicamos, estamos apoyando a la otra persona, con el único propósito de hacernos notar, pues se publica a quién le ha gustado algo para, por un lado, que la gente se entere de qué es lo que nos gusta, o cómo somos; y dos, para darnos notoriedad, con la esperanza de que alguien se meta en nuestro perfil y nos preste atención. No nos enteraremos jamás de que otro usuario nos ha prestado atención si no hace él clic en alguna de nuestras publicaciones, lo cual significa la realización personal virtual completa de aquel al que le clican.

La función de Facebook como punto de encuentro banal resulta penosa y deprimente comparada con el uso potencial que ostenta. Son, por tanto, sus usuarios los culpables y los encargados de llevar a cabo semejante desperdicio y traición a la historia de la humanidad.

Entrar en Facebook es entrar en una espiral de insatisfacción que el propio sistema incrementa cada vez que iniciamos sesión y nos desconectamos. La insatisfacción de tener una esperanza que nunca se realiza, de algo que no se dice del todo y se queda a medias, de compartir sin compartir, de estar solo sin estar solo, de estar acompañado sin estar acompañado. Es, por lo tanto, un estado incompleto en el que se está, que lleva irremediablemente, como tantas otras cosas que se quedan a medias, a la frustración.
Facebook hoy en día es expresarse sin expresarse. Por eso los tópicos obtienen de él gran parte del alimento que les ayuda a crecer y hacerse más famosos todavía. Porque los usuarios encuentran la forma de expresarse en lo que otros expresaron antes. No están expresando lo que quieren, sino algo que está cerca a lo que quieren en función de lo que ya se expresó antes. Si las palabras ya ponen dificultades para expresarse, usar las de otros limita aún más la propia expresión.

Los mensajes que los usuarios se envían ni siquiera son los mismos que se reciben. Son todo copias totalmente exactas. Están en varias partes a la vez, lo cual, inevitablemente, no puede más que destapar sospechas y desconfianza sobre la autenticidad de la comunicación establecida en ese medio.

Pese a todo, Facebook lo hacen los usuarios, y son los usuarios quienes actúan, aunque sin haberlo hablado específicamente, y sin haber recibido ninguna imposición, de tal o cual manera para darle tal o cual uso.

 


Caesars – Since you’ve been gone

Un comentario en “Qué pasa en Facebook

  1. Elena dice:

    Madre mía! Casi me dan ganas de quitarme el face!

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