La historia oculta de John

I

John, cuando era un adolescente prematuro, hizo un examen del que es preciso decir algunas palabras.
Como por entonces ya no sacaba buenas notas en el colegio, fue animado por su tía (poco después de nacer pasó a vivir con ella) a probar suerte en una escuela de música. A John no le interesaba del todo la idea, pero aceptó, ya que, en todo caso, no sería peor que el colegio, y sabía que a su tía le hacía ilusión.
Pero suspendió. Ella, que hasta el último segundo estuvo emocionada con la idea de que este fuera su camino en la vida, le hizo ver que era un fallo sin más, y que ello no debía poner en duda su valía para la música. Que podría hacer otros y en otro momento, ya aprobaría más tarde. John, que era bastante inteligente e intuitivo, percibió en sus ojos la mirada de la tristeza por el fracaso ajeno, por mucho que sus cálidas y suaves palabras le tentaran con la tranquilidad y la despreocupación que cualquier otro joven de su edad habría asumido sin problemas.
La futura estrella podría haber aceptado el resultado de ese examen sin más consecuencias, pues en el fondo lo hizo solo por su tía, pero precisamente por eso —y porque vio ahí una alternativa al colegio— se encargó a sí mismo eliminar de la vida terrenal a la profesora que le rechazó en la escuela. No por placer, sino para poder acceder a ella.
El hijo de esa mujer, cuando por su cuenta consiguió desenmarañar la trama del asesinato, tantos años después, se acercó a aquel hotel y le disparó por la espalda.

 

II

John, debido al temprano abandono de su padre y madre, adquirió un estado sentimental muy peculiar con respecto a la relación con su tía. Por un lado, había perdido a su madre a una edad suficientemente avanzada como para no ser capaz de asociar la figura maternal a otra mujer. Jamás conseguiría encontrar otra madre, ya la había tenido y perdido. Por otro lado, no había pasado el suficiente tiempo como para asumir el parentesco, y sus consecuencias represoras, entre su madre y su tía. Al no haber tenido una relación fuerte y duradera con su madre, ¿cómo iba a ver a su tía como lo que es una tía? ¿Cómo podía comprender lo que significaba una tía? No llegaron a establecerse en su cabeza la profundidad de los lazos familiares típicos que cualquier otra persona habría asimilado. Su madre consiguió alojarse en su inconsciente, pero su tía se quedó a medio camino, en tierra de nadie.
Le resultaba natural, por lo tanto, mirar a su tía como a una mujer más.
Todo esto, mezclado con los cariñosos cuidados y las grandes cantidades de atención que Mimi vertió siempre hacia su sobrino, hicieron que John, a pesar de lo confundido que estaba y con ayuda de los largos periodos que intentó él solo reprimir sus íntimos deseos, acabara por abordar a su tía en múltiples ocasiones. Ella, siempre intentando disuadirlo y restando importancia a sus actitudes, no acababa de entender las causas y decidió que debía hablar con la persona en la que más confiaba.
Lo llevó a ver, durante varios meses, al hombre con el que ella solía pasar los fines de semana, porque durante la semana tenía que controlar al joven, bastante gamberro y desmedido. Al hombre no le acababa de parecer del todo bien la relación, y le fastidió que además le hiciera ocupar parte del poco tiempo que tenía para ella, pero también vio una oportunidad para entablar relación con John con el propósito de distanciarle, sin malas intenciones, de su tía. Creía que era un error que un chico de su edad necesitara tanta atención.

Con las sesiones en las que John y Antoine conversaban en el salón de la casa de aquel hombre, la extraña atracción de John fue disminuyendo. Según Mimi, Antoine y John cada vez necesitaban verse menos. Y John, a su vez, gracias a esta curación, empezó a pasar menos tiempo con Mimi. Estaba más tiempo centrado en estudios y labores ordenadas y requería menos atención personalizada. Así, ella podía pasar más tiempo con Antoine, aunque nunca dejaba de estar pendiente y de preocuparse por John. Era una nueva situación y Mimi no conseguía acostumbrarse del todo. Para Antoine estaba claro que esta situación era la lógica, que John hiciera su vida sin contar con su tía.
Al tiempo de que John ya no visitara en absoluto a Antoine con el fin de tener esas largas charlas moralizantes, Mimi comenzó a echar de menos la presencia casi permanente de John a su lado. Es por ello que, en los ratos que John pasaba por casa para comer o simplemente descansar porque no tenía ningún plan, Mimi aprovechaba cada situación para, sutilmente, aludir a sus antiguos instintos. No es que quisiera que John volviera a abordarla, ya que eso era un problema que había sido solucionado, pero, aunque fuera sin que él se enterara, necesitaba sentir que estaba seduciéndolo. Con John presente, su escote se ampliaba, sus camisetas se apretaban, o se le caía la toalla misteriosamente en mitad del pasillo cuando salía de la ducha. A Mimi la sola creación de esas escenas ya le daba la alegría que necesitaba.
Al principio John ni se enteraba de que todo eso iba dirigido a él. Incluso veía cómico que su tía hiciera cosas tan, según él, raras para su edad. Poco a poco, John vio cómo tenía que esforzarse para no hacer caso a esas señales, y le iba costando controlarse cada vez más. Sentía que antiguas sensaciones estaban volviendo a surgir. Se preguntaba qué es lo que realmente quería, y por qué no debía hacer caso a sus deseos, por raros que fueran.

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