Hacerse preguntas

Mientras estés contento con la felicidad material y con arreglar los disgustos que esa felicidad efímera conlleva, mientras te guste vivir en esa montaña rusa de subidones y bajones —a corto, medio o largo plazo—, entonces no te harás preguntas, porque no las necesitarás. Estarás ocupado solucionando los problemas del mundo material y no te interesará averiguar más. En vez de ir a la raíz de todos tus problemas, irás atendiendo a cada problema por separado.

Pero es inevitable que el día de las preguntas llegue. Los problemas son infinitos y no dejarán de surgir, lo que quiere decir que tienes más tiempo que todo el tiempo para cansarte y aburrirte de ir complicándote y solucionándote la vida una vez tras otra.
O, lo que es lo mismo: no puedes cambiar el hecho de que te volverá a surgir una complicación, pero sí puedes cambiar tu forma de entender esa complicación.

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