Ayer lunes salí

Ayer lunes salí.
Desnudo.
Eran las dos de la madrugada.
Anduve media hora.
No hubo ruidos.
Extrañado.
Seguí otro rato.
Sirenas a lo lejos.
Me colé en un portal.
Bajé al garage.
Intenté abrir los coches. Solo entré en tres.
En uno me quedé dormido.
En otro despierto. Eran asientos de cuero.
El tercero tenía las llaves puestas.
Arranqué, revolucioné a fondo y apagué.
El móvil me asustó. Solo era un mensaje.
Seguía desnudo, claro.
Me fui. A la calle.
Un gato pasó por delante.
Salté la valla de una urbanización privada.
Salía luz de una ventana.
Esperé mirando hasta que se apagó.
Ya no había nada.
Meé. Cagué. En el jardín.
Oí ruidos fuera.
Pude seguir el rastro.
Resultaron ser más gatos.
Eran más de las cuatro.
Iba aún desnudo, claro.
Apareció un vagabundo.
Le pregunté algo.
Ni me veía.
Iba borracho.
Me fui. Hacia casa.
Subí al ascensor.
Me quedé una hora.
Tres o cuatro siestas.
Me despertaron las puertas.
Reaccioné a tiempo.
Puse en medio la pierna.
Pulsé el quinto.
Qué vergüenza.
¿Habría alguien justamente en mi piso?
Seguía desnudo, claro.

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