Introspección sobre los tatuajes

Un tatuaje potencia la —quizás ya alta— identificación de la persona con su cuerpo. Es esta la idea que subyace a todas las siguientes.

Cuerpo
Conseguir alterar algo sobre lo que aparentemente no teníamos control, el cuerpo, aumenta la sensación de poder sobre la vida de uno mismo.

Simbolismo
Si el tatuaje tiene una historia y un significado, se añade una carga de profundidad a algo superficial, valga la paradoja. Puede ser la expresión de una idea, una historia o un rasgo del carácter de la persona.

Sacrificio
Los sacrificios económico y físico implican una participación activa en el proceso.
En el físico, nos encontramos ante la paradoja de que aunque lo que se requiere del tatuado es la no-acción, esta persona sufre. Mediante la extendida lógica de que el sufrimiento y el sacrificio son necesarios —e incluso evidencias— para lograr el éxito, se deduce que este hecho proporciona valor al tatuaje y méritos al tatuado.

Diferenciación
En el momento en que la persona se hace su primer tatuaje pasa a pertenecer al grupo de personas tatuadas, distinguiéndose así como poseedora de cierta sensibilidad o ideología que solo otros tatuados comprenden.

Visibilidad
El cuerpo como obra de arte: aumentan las posibilidades de ser mirado, con el erotismo que eso puede conllevar.
Además, es una forma de expresión pública permanente, aunque aquí la visibilidad depende de la zona del tatuaje. En cualquier caso, para la persona sí es una expresión materializada siempre disponible, ya que puede verlo o pensar en él cuando quiera.

Unicidad
El tatuaje suele ser único, aunque no siempre. Cuando es único, ese sentimiento de originalidad se transporta a la persona. La persona se siente diferente, puede vislumbrar esa unicidad que, en realidad, ya tiene sin el tatuaje, pero que quizás no consigue ver.
Si el tatuaje no es único puede reforzar el sentimiento de pertenencia a la vez que el de diferenciación, ya que además estaría perteneciendo a una minoría dentro del grupo de tatuados o quizás a alguna persona admirada en concreto, válgame como segunda paradoja de la introspección.

Posesión
El tatuaje es visto como un ente que acompañará cada segundo de la vida. Al no poder ser arrebatado ni robado, la persona puede aferrarse a él y al simbolismo e ideas que lo acompañan con la seguridad de que no será abandonada, como la fiel y segura compañía de un perro que fuera inmortal, ante la tan frecuentemente no aceptada impermanencia de todas las formas.

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