Introspección sobre el mal tiempo

Hay personas que encuentran cierta alegría cuando hace mucho frío, llueve, nieva o todo a la vez, y solo pueden quedarse en casa.
Si el tiempo es muy insoportable, salir no tiene sentido. Entonces se desvanece la duda de si uno está donde debe, si está haciendo lo correcto, acertando con sus actos: no hay posibilidad de error, quedarse en casa es lo apropiado. Planes, obligaciones, compromisos e incluso deseos quedan silenciados por la necesidad de refugio y calor. De repente todo se puede posponer, nada es tan urgente. Nos relajamos, estamos haciendo lo mejor. Desaparece, por un rato, gran parte de la dualidad que azota nuestras vidas a cada segundo. En ocasiones la dualidad es una tricotomía: dónde estamos, dónde queremos estar y dónde deberíamos estar.

Esta introspección sobre el mal tiempo, además de ser lo que es, también puede ser una metáfora sobre la vida cuando nos encontramos en situaciones extremas que no nos dejan elección. A veces llega a hacer un tiempo tan malo en uno mismo que no tenemos apenas opción, resultando una situación que, aunque dura o complicada, nos da la posibilidad de descubrir qué es lo importante. Pero no es necesario continuar caminando con el dolor hasta los límites inaguantables para que él te enseñe y esclarezca la verdad: puedes convertir esa tricotomía o dualidad en unidad ahora. Simplemente deja de luchar internamente contra la vida, deja que las cosas sean como ya son.