Introspección sobre la vergüenza que evita que los adultos se comporten como niños

Algunos adultos piensan que los niños no tienen una visión completamente desarrollada ni acertada sobre la vida. Los consideran desconocedores de la verdadera realidad de la existencia, que es cruel y triste y se descubre con el paso del tiempo. Por eso no les parece lógico ni considerado vivir despreocupados, ponerse a jugar y divertirse sin más, sin algún motivo muy evidente. Estar tranquilo o alegre en cualquier momento porque sí, sin razón, es un síntoma de la falta de experiencia, algo que, indudablemente, será corregido en el futuro. Para ese adulto medio la vida es dura y decadente y solo hay espacio para la celebración cuando tiene lugar algún suceso externo, notorio y superficial, normalmente incluyendo reconocimiento, y únicamente durante un periodo de tiempo establecido, como una fiesta o un banquete. Hacerlo en un momento cualquiera sería una disonancia y una incoherencia —casi una falta de consideración— por las que sentir vergüenza.
A los adultos que se comportan como niños se les mira extrañados y sorprendidos, en estado cercano a la incomprensión.

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