Introspección sobre el uso del infinitivo y otros

Algunos ejemplos:

Infinitivo: «Agradecer a los asistentes…»
Participio: «Enfadado por lo sucedido…»
Adjetivo: «Contento por haber podido…», «Feliz por el resultado de…»

Poner infinitivo donde debería haber una forma verbal conjugada permite al locutor que los demás supongan que es él el sujeto protagonista de la historia que cuenta, pero sin tener que expresarlo específicamente. «Agradecer…» no dice quién está agradeciendo, pero locutor y oyente lo dan por hecho.
Esta es una manera de distanciarse —infinitivo, gerundio y participio son formas gramaticalmente impersonales— de lo que se quiere expresar, un método para hablar sin implicarse en el discurso, para impersonalizar el mensaje.
Es frecuente que se use para hablar de uno mismo, sentimientos, pensamientos, para disculparse, pedir perdón o agradecer, por ejemplo. A algunas personas el uso de estas formas puede suavizarles el mal trago que resulta de sincerarse y abrirse a los demás o, quién sabe, de mentir.
En la actualidad el abanico parece seguir ampliándose más allá de las formas impersonales, siendo el objetivo siempre evitar el pronombre personal y el verbo conjugado, con la correspondiente información de la desinencia —que incluiría el sujeto, aunque estuviera omitido—.

Resulta casi lógico, dada la impersonalidad, que esta sea una práctica tan extendida en las redes virtuales y medios de comunicación, a menudo cuando una persona, a través de una máquina, se dirige a cientos o miles que no ve o no conoce. Aunque hay que decir que también se usa en reuniones, conferencias y similares.
Mientras nos esforzamos por personalizar nuestra ropa, nuestro coche, nuestra casa, nuestro móvil y todo tipo de objetos —e incluso mascotas— vamos despersonalizando nuestras relaciones humanas.

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