Introspección sobre ser alguien por los actos

Cuando seguimos la lógica de que los actos tienen un significado y definen quiénes somos, podemos vivir indefinidamente como esclavos del hacer a modo de instrumento para sentirnos vivos o para ser alguien. Una vez se entra en esta dinámica nunca se acaba, puesto que no existe un acto definitivo que complete a una persona totalmente, le dé la satisfacción permanente, la convierta para siempre en alguien o le haga ver la verdad de que simplemente es quien es, no puede ser más de lo que ya es y siempre ha sido.

Si nos suceden cosas desagradables, eventos que aparentemente escapan a nuestro control o imprevistos luchamos contra ellos rechazándolos mentalmente porque creemos que han tenido consecuencias sobre nuestra identidad, que han alterado nuestra esencia o condenado para siempre. Ese rechazo a nosotros mismos nos puede llegar a provocar más estrés y ansiedad que los propios sucesos, aunque darse cuenta de esto puede costar debido a la lógica que estamos siguiendo. Además, podemos ponernos a realizar actos de calidad opuesta para contrarrestar el efecto que esos otros actos tuvieron en nosotros, con lo cual la esclavitud en torno al pasado se aumenta. Actuar suele ser mejor que no hacer nada, pero ni el acto que eliges ni el que no eliges puede cambiar quien eres.

Esta lógica de pensamiento también puede evitar que hagamos cosas que nunca hemos hecho, que nunca hemos visto hacer a nadie, puede minar nuestra iniciativa y creatividad y desactivarnos para la adaptación, el cambio y la evolución. El miedo subyacente a perder nuestra identidad y a convertirnos en algo nuevo y desconocido puede ser tan fuerte que nos alejemos de experiencias que intuyamos transformadoras o que auguren resultados revolucionarios. Puede también darse el caso de que reprimamos pensamientos que tenemos —haciéndolos así más fuertes, justo al contrario de lo que queríamos— por el temor a que esos pensamientos nos conviertan en alguien que no queremos ser.

Los actos pueden decir algo de una persona, pero no la convierten irremediablemente en nada.
Los actos son en pasado. Y tú eres en presente.