Introspección sobre la primera persona del plural

El uso de la primera persona del plural puede ser la versión mental del viejo truco de opinar y actuar mezclándose entre la multitud, para así no responsabilizarse de lo dicho. Al ego le encanta guardarse siempre algo e intentar pasar inadvertido, y este caso se añade al del infinitivo.
En esta ocasión se utiliza «nosotros», «nos» u otras formas cuando en realidad se debería utilizar la correspondiente del singular.
Así el que habla se confunde con la masa, donde uno encuentra esa protección tan cálida que proporciona el respaldo de la cantidad y que anestesia la tristeza por no atreverse a ser uno mismo.
En este caso es muy obvia la identificación con el pensamiento, ya que el que habla quiere evitar que se le descubra por ese pensamiento —como si eso fuera posible—, y por eso elige difuminarse entre la muchedumbre.

Nota: puede haber otros usos de la primera persona del plural, como el de incluirse a uno mismo para atribuirse méritos o acciones de otros.