Introspección sobre la música de fondo en las reuniones

Esencialmente su función es hacer imposible que se dé el silencio completo. Para algunas personas nada más que un par de segundos de silencio total pueden resultar aburridos, incómodos o insoportables. De esta forma se evita, porque podría provocar:
individualmente, que la mente se aburra por no estar recibiendo más información o que algunos pensamientos indeseados empiecen a brotar sin control;
en la relación con los otros, que los seres reunidos se vean en la situación de disponerse a recibir y a dar una atención que quizás no están preparados para dar ni para recibir. A veces es un alivio saber que nadie nos está escuchando de verdad y que podemos atender distraídamente al resto.

Así que la música se usa para entretener a la mente y para distanciarse y no implicarse al completo en la relación. Y es paradójico, puesto que tiene apariencia de vínculo entre los que se reúnen, que dicen estar compartiendo gusto musical. Sin embargo, la relación entre las personas siempre será más profunda y real si se establece directamente y no a través de medios externos.

La presencia del silencio puede ayudarnos a descubrir quiénes somos en realidad. Y eso, obviamente, es aterrador y odioso para quien intenta, mintiendo, ser nosotros.