Análisis: la disculpa condicional

Mediante las fórmulas de este estilo, el protagonista consigue no pedir perdón pronunciando la palabra «perdón», lo que aparenta ser suficiente, pero probablemente deje en el público un amargor sin identificar, y con razón.

Lo que el protagonista está diciendo es que solo pide perdón en caso de que sus actos hayan tenido consecuencias; si no ha ofendido, no pide perdón. Es decir, no está pidiendo perdón por los actos mismos y no depende de él si pide perdón o no. Se requiere la ocurrencia de otro evento, uno externo a él, para que pida perdón.
Deja su acción de pedir perdón a expensas de los demás, cuando lo que debería quedar en manos de los demás es aceptarlo o no.

Este método es una maniobra perfecta para quedar bien sin tener que retractarse interiormente. A una mente superficial le parece suficiente percibir la materialización sónica de la palabra «perdón», pero la forma de utilizarla en el discurso la ha engañado.

Se podría concluir que alguien que pide perdón condicionalmente no tiene intención real de pedirlo, porque no lo siente así.
En última instancia, ni siquiera la frase «Pido perdón» asegura que esté pidiendo perdón, sino que podría tener un carácter puramente descriptivo —de una situación, como vemos, bastante hipotética—. Decir que haces algo no implica que estés haciéndolo.

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