Introspección sobre la libertad y la expresión

Aunque parece que para que exista libertad al expresarse, tiene que haber alguien ajeno a uno mismo, leyes o normas que la garanticen, a la hora de valorar si existe libertad en un acto de expresión hay que prestar atención al individuo y al contenido de lo que expresa. Si el contenido necesita y depende de otros para su existencia, difícilmente el acto de expresión será libre, aunque se le den todos los permisos al que se expresa. Habría que preguntarse si la persona está pensando independientemente o está sujeta a la existencia de otros para construir sus mensajes. Habría que ver para qué valdrían esas ideas si desaparecieran sus enemigos.

Si además el ser humano cree que sus ideas deben ser respetadas, toleradas, aceptadas, escuchadas, admiradas o algo parecido, pasaría entonces a ser un esclavo dependiente del público, probablemente en una relación de amor y odio.

La expresión libre no necesita ni ser publicada. La expresión auténtica y natural es independiente por naturaleza. No necesita para su existencia a nadie más que al que se expresa. No va contra nadie ni a favor de nadie, va a lo suyo. Por eso es libre. Y el que expresa se siente realizado y pletórico con el mero acto de la expresión, no necesita más y sabe que no es tarea suya ser escuchado, que su labor acaba tras el punto de la última palabra.

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