Introspección sobre la culpa, que ha sido tuya, y la sensación de indefensión

Es frecuente que ante la noticia de un evento negativo, desagradable o violento, algunas personas se apresuren en buscar los motivos de su existencia. A veces se procede a echar la culpa a la persona con la que más identificada se sienten, la que sienten más cercana.
Aunque quizás se deba a varios motivos, echar la culpa puede ser un método para ocultar —que no eliminar— la indefensión ante el mundo que siente esa persona.

En la necesidad de no sentirse vulnerable, la persona busca una explicación por la cual la ocurrencia o no ocurrencia del suceso desagradable esté en su mano. Esto se consigue echando la culpa del evento a la persona con la que se identifica. De este modo está en su mano, y no en la de otros ni en la arbitrariedad, pasar o no por lo mismo. Ahora esa persona cree saber cómo evitar que le pase lo mismo. Se incrementa la idea de control y así, aparentemente, la tranquilidad. Lo que parece un mecanismo de ataque es en realidad un mecanismo de defensa.

Intentar reducir las causas de lo que pasa a cuatro motivos es tan imposible como intentar separar el discurrir de la vida en eventos. Cada suceso alberga infinitos sucesos y cada suceso tiene infinitos motivos. Todos los sucesos están relacionados, y al dividirlos te alejas de su comprensión.