Introspección sobre los secretos inconfesables con uno mismo y con el resto del mundo

Hay cosas que le puedes contar a casi cualquier persona con la que te encuentras. Hay otras que solo a unos cuantos seleccionados. Muy probablemente te quedas algo que no te atreves o no quieres contar a nadie.
Seguramente ese secreto inconfesable se trate de un momento, una opinión, acto o experiencia que crees que dice mucho de ti y de quién eres. Compartir esa historia podría hacer que otros cambiaran la imagen que tienen de ti o te juzgaran (y quizás sea de esa imagen de donde obtienes tu identidad o parte de ella). Quizás piensas que eres según los demás te vean. Y guardando el secreto mantienes tu imagen a salvo de temidas modificaciones o aniquilaciones. Igualmente, el ocultar la idea quizás sea una forma de no reconocértela a ti mismo, lo cual tiene los mismos efectos.
Debes diferenciar entre la historia de tu vida y quién eres tú. Lo cierto es que esa historia no dice nada de quién eres ahora. No eres ningún acto (ni la historia en tu cabeza acerca del acto), experiencia, historia ni opinión, por lo que nada de eso puede alterar tu identidad real, aunque solo de pensar en contarla te estremezcas.
Además, el hecho de saber algo que nadie o muy poca gente más sabe puede hacerte sentir diferente, y eso refuerza tu falsa identidad. Ten en cuenta que muchas veces existe la excusa o pretexto de mantener el secreto por pensar que nadie te entendería. Sentirte un incomprendido podría estar también formando parte de tu identidad.

No eres ninguna historia, y mucho menos si esta es pasada. Además, en todo caso lo importante no es contar o no contar el secreto a los demás, sino poder contártelo a ti y darte cuenta de que no tiene poder sobre ti.

No temas a tus pensamientos, no eres tus pensamientos. Y ser quien eres no depende de la aceptación ni del juicio de nadie.

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