Parábola sobre la inconsciencia

Una noche iba haciendo footing un hombre por el carril bici, con una bici acercándose por detrás y otra bici por el otro carril en sentido contrario. El ciclista que iba detrás del corredor empezó a resoplar algo agitado y nervioso. Ya veía desde lejos la incorrección que estaba cometiendo el corredor, que podía estar usando la acera que tenía al lado, pero no lo hacía por alguna razón desconocida. Siguió pedaleando. Vio a la bicicleta que venía por el carril opuesto, pero pensó que le daría tiempo a pasar, además de que tenía hueco, ya que el corredor se debería quitar cuando le viera cerca, obviamente por tratarse de un carril-bici. Los dos ciclistas se chocaron y cayeron al suelo. El corredor no había oído la bici porque iba con los cascos.
Tras la aparatosa caída, el hombre que intentaba adelantar le echó la bronca al corredor por ir por el carril bici. Empezó a gritarle y a hacer aspavientos desde el suelo. El corredor escuchaba en silencio, pidió perdón y se fue. Entonces, se lo volvió a explicar al otro ciclista. Además, se dio cuenta de que no llevaba luces en la bicicleta y se lo echó en cara. El otro también le pidió disculpas y reanudó su marcha.

Aunque la historia le pone de mal humor, todos sus amigos la conocen.
Aunque se hizo un esguince de la caída, fue uno de los momentos más satisfactorios que su ego recuerda. Pero esto no se lo ha dicho a nadie.