Autor: X + Y

a veces

a veces
cada historia que oyes es
un ladrillo más que construye tu
miedo a la vida

cada escena que ves es
un pilar más que sostiene tu
miedo a la vida

cada conclusión que desprendes es
una teja más que cubre tu
miedo a la vida

a veces
tienes que estar alerta
porque si no lo estás
corres el riesgo de que tengas
cada día un poco de miedo más

Introspección sobre la primera persona del plural

El uso de la primera persona del plural puede ser la versión mental del viejo truco de opinar y actuar mezclándose entre la multitud, para así no responsabilizarse de lo dicho. Al ego le encanta guardarse siempre algo e intentar pasar inadvertido, y este caso se añade al del infinitivo.
En esta ocasión se utiliza «nosotros», «nos» u otras formas cuando en realidad se debería utilizar la correspondiente del singular.
Así el que habla se confunde con la masa, donde uno encuentra esa protección tan cálida que proporciona el respaldo de la cantidad y que anestesia la tristeza por no atreverse a ser uno mismo.
En este caso es muy obvia la identificación con el pensamiento, ya que el que habla quiere evitar que se le descubra por ese pensamiento —como si eso fuera posible—, y por eso elige difuminarse entre la muchedumbre.

Nota: puede haber otros usos de la primera persona del plural, como el de incluirse a uno mismo para atribuirse méritos o acciones de otros.

Introspección sobre ser alguien por los actos

Cuando seguimos la lógica de que los actos tienen un significado y definen quiénes somos, podemos vivir indefinidamente como esclavos del hacer a modo de instrumento para sentirnos vivos o para ser alguien. Una vez se entra en esta dinámica nunca se acaba, puesto que no existe un acto definitivo que complete a una persona totalmente, le dé la satisfacción permanente, la convierta para siempre en alguien o le haga ver la verdad de que simplemente es quien es, no puede ser más de lo que ya es y siempre ha sido.

Si nos suceden cosas desagradables, eventos que aparentemente escapan a nuestro control o imprevistos luchamos contra ellos rechazándolos mentalmente porque creemos que han tenido consecuencias sobre nuestra identidad, que han alterado nuestra esencia o condenado para siempre. Ese rechazo a nosotros mismos nos puede llegar a provocar más estrés y ansiedad que los propios sucesos, aunque darse cuenta de esto puede costar debido a la lógica que estamos siguiendo. Además, podemos ponernos a realizar actos de calidad opuesta para contrarrestar el efecto que esos otros actos tuvieron en nosotros, con lo cual la esclavitud en torno al pasado se aumenta. Actuar suele ser mejor que no hacer nada, pero ni el acto que eliges ni el que no eliges puede cambiar quien eres.

Esta lógica de pensamiento también puede evitar que hagamos cosas que nunca hemos hecho, que nunca hemos visto hacer a nadie, puede minar nuestra iniciativa y creatividad y desactivarnos para la adaptación, el cambio y la evolución. El miedo subyacente a perder nuestra identidad y a convertirnos en algo nuevo y desconocido puede ser tan fuerte que nos alejemos de experiencias que intuyamos transformadoras o que auguren resultados revolucionarios. Puede también darse el caso de que reprimamos pensamientos que tenemos —haciéndolos así más fuertes, justo al contrario de lo que queríamos— por el temor a que esos pensamientos nos conviertan en alguien que no queremos ser.

Los actos pueden decir algo de una persona, pero no la convierten irremediablemente en nada.
Los actos son en pasado. Y tú eres en presente.

posesión

por qué esa idea de tener a esa persona
que tanto te gusta
por qué ese impulso de comprar
lo que es bonito
por qué esa necesidad de poseer
lo que te atrae
¿acaso crees que va a llenar
un vacío que es mental?

Introspección sobre el uso del infinitivo y otros

Algunos ejemplos:

Infinitivo: «Agradecer a los asistentes…»
Participio: «Enfadado por lo sucedido…»
Adjetivo: «Contento por haber podido…», «Feliz por el resultado de…»

Poner infinitivo donde debería haber una forma verbal conjugada permite al locutor que los demás supongan que es él el sujeto protagonista de la historia que cuenta, pero sin tener que expresarlo específicamente. «Agradecer…» no dice quién está agradeciendo, pero locutor y oyente lo dan por hecho.
Esta es una manera de distanciarse —infinitivo, gerundio y participio son formas gramaticalmente impersonales— de lo que se quiere expresar, un método para hablar sin implicarse en el discurso, para impersonalizar el mensaje.
Es frecuente que se use para hablar de uno mismo, sentimientos, pensamientos, para disculparse, pedir perdón o agradecer, por ejemplo. A algunas personas el uso de estas formas puede suavizarles el mal trago que resulta de sincerarse y abrirse a los demás o, quién sabe, de mentir.
En la actualidad el abanico parece seguir ampliándose más allá de las formas impersonales, siendo el objetivo siempre evitar el pronombre personal y el verbo conjugado, con la correspondiente información de la desinencia —que incluiría el sujeto, aunque estuviera omitido—.

Resulta casi lógico, dada la impersonalidad, que esta sea una práctica tan extendida en las redes virtuales y medios de comunicación, a menudo cuando una persona, a través de una máquina, se dirige a cientos o miles que no ve o no conoce. Aunque hay que decir que también se usa en reuniones, conferencias y similares.
Mientras nos esforzamos por personalizar nuestra ropa, nuestro coche, nuestra casa, nuestro móvil y todo tipo de objetos —e incluso mascotas— vamos despersonalizando nuestras relaciones humanas.

tus ideas

de quién has aprendido lo que sabes

el que desconoce la verdad también comparte
y grita más que el sabio
aunque nadie lo llame

se encuentra apremiado por contar
algo que sabe que tú no

y al sentirse diferente comete error
y al sentirte falto equivocación

Introspección sobre la realidad individual

Ilusión significa, comúnmente, esperanza, pero también irrealidad, si se tienen alucinaciones. La ilusión —entendida según un tercer significado: afán, como quien está haciendo algo con mucha vitalidad— del ser humano por el futuro lo lleva a padecer fascinación por multitud de temas irrelevantes para su día a día y su realización personal, con la consecuente pérdida de tiempo y paz.
¿Qué es la realidad? No sé. Pero sí sé que tu realidad es lo que tienes delante de ti en este momento.
Por ejemplo, un lunes, esa desconocida que está esperando a tu lado en el paso de cebra ya es parte de tu realidad. Por contra, el fin de semana solamente puede tomar forma en tu mente, si lo imaginas. Puede que el fin de semana nunca llegue, no tienen por qué pasar todos los días del calendario.
La desconocida está ahí, quizás rozándote; el fin de semana son solo palabras, imaginación y planificación.
A la desconocida la ves, puedes relacionarte con ella, incluso tocarla. También podrías olerla y abrazarla, por qué no. Si intentas hacer algo con el fin de semana, te será imposible: solo conseguirás planificarlo, y un exceso de planificación tiene grandes posibilidades de llevar al aburrimiento y la repetición. Además, mientras planificas el fin de semana te estás perdiendo a la desconocida, que sí es parte de tu realidad.
Por otro lado, parece que el fin de semana es mucho más excitante y prometedor que las personas que esperan en el paso de cebra. Esto no es así —el fin de semana no existe—, sino que tus palabras y pensamientos te hacen creer que sí. ¿Cómo puede disfrutarse algo que no está ocurriendo?
Al final, esto te lleva a vivir en un estado de permanente espera de un evento brutal que te saciará por completo —y que nunca llega—. Estando a lunes no se puede disfrutar el fin de semana, y el lunes se ha despreciado por no ser un día señalado. Además, es probable que cuando llegue el fin de semana te pongas a planificar el lunes siguiente o el próximo fin de semana. Tu cabeza te obliga a creer que el futuro es prometedor, pero resulta que tú únicamente puedes vivir lo que ven tus ojos. Esta inercia de nuestra mente por no vivir la realidad viene dada por la exposición, durante años, a un mundo que no vive la realidad. Esa es la causa lejana. La causa inmediata —aunque realmente es la misma que la anterior— son las relaciones que establecemos cada día. Los individuos con los que nos relacionamos ejercen una influencia en nosotros, del mismo modo que nosotros la ejercemos sobre ellos. Si soy alcohólico y me relaciono diariamente con un alcohólico, probablemente ambos nos vayamos volviendo más alcohólicos conforme pase el tiempo. Algo así ocurre con la inercia de no vivir nuestra realidad individual. Si nos relacionamos con personas que nunca quieren estar donde están ni ver lo que les rodea, es muy fácil que tendamos a dejarnos llevar por esa corriente y a convertirnos en planificadores profesionales. «¿Cuándo y cómo me volví alcohólico?». Eso no importa, el pasado tampoco se puede vivir.
Sonríe a la desconocida.

Nota: algunos elementos de nuestro mundo actual que pueden hacer que nos distanciemos de nuestra realidad individual son, por ejemplo: las cámaras de fotos, la televisión, los teléfonos móviles, las carreras universitarias, programas políticos y económicos y planes de pensiones.
Otra nota: algunos elementos personales relacionados con nuestro alejamiento de nuestra realidad individual son: el miedo a la incertidumbre del futuro o la necesidad de una estabilidad asegurada infinita, el inconformismo permanente, la no aceptación de uno mismo y creer que las experiencias pasadas por sí solas delimitan las futuras.