Introspección sobre los tatuajes

Un tatuaje potencia la —quizás ya alta— identificación de la persona con su cuerpo. Es esta la idea que subyace a todas las siguientes.

Cuerpo
Conseguir alterar algo sobre lo que aparentemente no teníamos control, el cuerpo, aumenta la sensación de poder sobre la vida de uno mismo.

Simbolismo
Si el tatuaje tiene una historia y un significado, se añade una carga de profundidad a algo superficial, valga la paradoja. Puede ser la expresión de una idea, una historia o un rasgo del carácter de la persona.

Sacrificio
Los sacrificios económico y físico implican una participación activa en el proceso.
En el físico, nos encontramos ante la paradoja de que aunque lo que se requiere del tatuado es la no-acción, esta persona sufre. Mediante la extendida lógica de que el sufrimiento y el sacrificio son necesarios —e incluso evidencias— para lograr el éxito, se deduce que este hecho proporciona valor al tatuaje y méritos al tatuado.

Diferenciación
En el momento en que la persona se hace su primer tatuaje pasa a pertenecer al grupo de personas tatuadas, distinguiéndose así como poseedora de cierta sensibilidad o ideología que solo otros tatuados comprenden.

Visibilidad
El cuerpo como obra de arte: aumentan las posibilidades de ser mirado, con el erotismo que eso puede conllevar.
Además, es una forma de expresión pública permanente, aunque aquí la visibilidad depende de la zona del tatuaje. En cualquier caso, para la persona sí es una expresión materializada siempre disponible, ya que puede verlo o pensar en él cuando quiera.

Unicidad
El tatuaje suele ser único, aunque no siempre. Cuando es único, ese sentimiento de originalidad se transporta a la persona. La persona se siente diferente, puede vislumbrar esa unicidad que, en realidad, ya tiene sin el tatuaje, pero que quizás no consigue ver.
Si el tatuaje no es único puede reforzar el sentimiento de pertenencia a la vez que el de diferenciación, ya que además estaría perteneciendo a una minoría dentro del grupo de tatuados o quizás a alguna persona admirada en concreto, válgame como segunda paradoja de la introspección.

Posesión
El tatuaje es visto como un ente que acompañará cada segundo de la vida. Al no poder ser arrebatado ni robado, la persona puede aferrarse a él y al simbolismo e ideas que lo acompañan con la seguridad de que no será abandonada, como la fiel y segura compañía de un perro que fuera inmortal, ante la tan frecuentemente no aceptada impermanencia de todas las formas.

Qué pasa en Facebook

La manía repetitiva de comentar las fotos de la fiesta. Los que estuvieron presentes en ella suelen comentar alguna característica de sí mismos que no les gustan, siempre desde un punto de vista negativo. Esto responde a un afán y deseo egocéntrico de hablar de sí mismo, disfrazándolo de un comentario negativo. Se acepta más el hablar de sí mismo desde el pesimismo, porque desde el optimismo se corre el peligro de ser tachado de prepotente o creído. ¿Alguien se imagina a otro alguien diciendo “Hala, ¡qué guapo salgo!”? Recordemos que el culto a uno mismo es una de las bases sustentantes de Facebook, pero, como siempre, hay que disfrazarlo.

Hacer clic en “Me gusta” en una foto de otro, o en el tablón de otro, no es más que una reafirmación de lo anterior, aunque también tiene otra finalidad. Cuando clicamos, estamos apoyando a la otra persona, con el único propósito de hacernos notar, pues se publica a quién le ha gustado algo para, por un lado, que la gente se entere de qué es lo que nos gusta, o cómo somos; y dos, para darnos notoriedad, con la esperanza de que alguien se meta en nuestro perfil y nos preste atención. No nos enteraremos jamás de que otro usuario nos ha prestado atención si no hace él clic en alguna de nuestras publicaciones, lo cual significa la realización personal virtual completa de aquel al que le clican.

La función de Facebook como punto de encuentro banal resulta penosa y deprimente comparada con el uso potencial que ostenta. Son, por tanto, sus usuarios los culpables y los encargados de llevar a cabo semejante desperdicio y traición a la historia de la humanidad.

Entrar en Facebook es entrar en una espiral de insatisfacción que el propio sistema incrementa cada vez que iniciamos sesión y nos desconectamos. La insatisfacción de tener una esperanza que nunca se realiza, de algo que no se dice del todo y se queda a medias, de compartir sin compartir, de estar solo sin estar solo, de estar acompañado sin estar acompañado. Es, por lo tanto, un estado incompleto en el que se está, que lleva irremediablemente, como tantas otras cosas que se quedan a medias, a la frustración.
Facebook hoy en día es expresarse sin expresarse. Por eso los tópicos obtienen de él gran parte del alimento que les ayuda a crecer y hacerse más famosos todavía. Porque los usuarios encuentran la forma de expresarse en lo que otros expresaron antes. No están expresando lo que quieren, sino algo que está cerca a lo que quieren en función de lo que ya se expresó antes. Si las palabras ya ponen dificultades para expresarse, usar las de otros limita aún más la propia expresión.

Los mensajes que los usuarios se envían ni siquiera son los mismos que se reciben. Son todo copias totalmente exactas. Están en varias partes a la vez, lo cual, inevitablemente, no puede más que destapar sospechas y desconfianza sobre la autenticidad de la comunicación establecida en ese medio.

Pese a todo, Facebook lo hacen los usuarios, y son los usuarios quienes actúan, aunque sin haberlo hablado específicamente, y sin haber recibido ninguna imposición, de tal o cual manera para darle tal o cual uso.

 


Caesars – Since you’ve been gone

Intentos de cambiar al mundo (en un momentín)

Después de la imagen, una breve reflexión sobre la misma, ya vista varias veces por las redes sociales.

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No digo que este texto no tenga buenas intenciones, pero discrepo de una implicación que da por hecho, y que para mí es fundamental. Está al principio del mismo y, aunque no solo por su posición, anula el mensaje, intención y significado del resto del texto. Me parece un error el dirigirse a quien quiere dirigirse mediante el calificativo de “lector”. Y explico por qué. Asumo por las altas intenciones de este texto que el que lo escribió pretendía dirigirse a todas esas personas que carecen de un sistema básico de cultura idiomática, pero precisamente por esas altas y bellas intenciones, y por la cultura ortográfica y gramatical existente en el mismo texto, considero un error calificar a esas personas de lectores, calificar de lector a aquel que comete semejantes perjurios a la lengua española (sí, española), ya que se me asoma imposible que un lector (un lector, de verdad, en mayúsculas), sea desconocedor de las diferencias y características que se comentan en el texto. Obviamente habrán leído: quien más quien menos ha leído los ingredientes de las latas de Coca-Cola, o los eslóganes de la lencería de Victoria’s Secret. Sin embargo, en el círculo al que presiento que pertenece el autor (y uso círculo en sentido metafórico, ya que me refiero al rectángulo amarillo de arriba), no concibo como adecuado que se otorgue el título de lector sino a aquel que es asiduo, con frecuencia siempre discutible, a los libros, poemas, literatura, etc (esta sería otra discusión, pero se me entiende). Por lo tanto, este texto está mal destinado, y por lo tanto, para mí, pierde todo sentido. Podría decir que me siento dañado, pero yo no soy lo importante aquí.
A veces lo más importante son los detalles.


La alternativa, en los comentarios.

 

Pizarras digitales

Las revolucionarias pizarras digitales que convertirán a nuestros hijos y nietos en genios de la literatura o la ciencia y apasionados por la cultura y el aprendizaje…¿cómo ha podido inventarlas alguien que no ha sido educado con pizarras digitales?