poema a

eres un niño
que busca a mamá
para que le dé un abrazo
no soy papá
no sé dónde está mamá
pero ya estás en casa
no hace falta
que busques nada

Carta a la luna

Dirigirme a ti, después de tanto,
¡qué extraño!
Es que las noches suelo
pasarlas enredado.
Sabrás tú más de mí,
me has estado observando;
yo hace poco descubrí tu país,
ese infinito azul y blanco.
No es tu tierra la que piso,
¿me entenderás cuando te hablo?
Nuestros ritmos son distintos,
parece complicado relacionarnos.
Lo pequeña que pareces
no trasluce lo que eres,
ni tus alrededores oscuros:
iluminas como nadie en el mundo.
Ahora que te miro, pienso
que de los dos, yo el raro;
y da igual, porque me has enseñado
que en ello
no hay nada de malo.

El momento de ir al baño

Recuerdo llegar tarde siempre.
Recuerdo hablar, comer y beber.
Recuerdo el ambiente de alboroto
y la abundancia de gente.
Recuerdo hasta conversaciones filosóficas.
Recuerdo reírme y hablar de casi todo.
Recuerdo los cigarros y, a veces, fumar.
Recuerdo la música de fondo.
Recuerdo, por supuesto, los tonteos con alguna.
Recuerdo mirar los hielos deshelados.
Recuerdo especialmente el silencio de ir al baño.

Me gustabas

Me gustaba que me tocaras,
pero no te decía casi nada.
Me gustaba que sonrieras,
me dejabas sin palabras.
Me gustabas en bicicleta
por la forma de las piernas.
Me gustabas acercándote
desde lejos por la calle.
Me gustaba que me miraras
y no dijeras nada.
Me gustabas cuando cagabas.
Me gustaba que fueras
más bonita que perfecta.
Me gustaba que me tocaras
y me quedaba con ganas.

La noche en la ciudad

Todos los poetas y borrachos
que creen haberla disfrutado
solo han encontrado amagos:

porque las farolas y los semáforos
no paran de alumbrarnos,
porque iluminan carteles y coches,
ya no es de noche.

Poetas y borrachos
solo están fardando:
de la verdadera oscuridad
no hay tanto que expresar.

El mago

Te ofrezco la bendición:
que existe algo que no puedes pensar.

Te empujo a la perdición:
que sepas algo que no puedas contar.

Asómate a la locura,
que resulta ser la realidad.

Dejarás de ir a uno y a otro lado,
de dudar, temblar e ir tirando.
Porque yo sé lo que hago,
dame tu mano: yo soy el mago.