Ataques de melancolía

Los ataques de melancolía se basan en la ensoñación con un pasado feliz, acompañada de cierta tristeza por lo que fue y ya no es.
Es recordar experiencias maravillosas que ya no se repetirán y que fuiste perdiendo con el tiempo.
Pero la verdad es que lo que se perdió fuiste tú.

Por qué te regalan cosas que no te sirven

¿Por qué alguien te regala algo que no va contigo?

Cuando alguien está pensando en hacerte un regalo, pueden darse tres situaciones en su mente:
1. la persona está atenta a tus necesidades y valora qué podrías querer o necesitar o qué te podría gustar;
2. la persona piensa en regalarte algo que sea útil según su punto de vista;
3. la persona no tiene ni idea de qué hacer, pero se siente obligada a hacer un regalo.

Para el tercer caso mi respuesta es que a esa persona no le apetece regalarte nada.
El primer caso es el caso ideal: el regalo generoso.
El segundo caso es el regalo egoísta: la persona piensa en ella y no en ti. Puede que esté intentando proyectar en ti algún deseo frustrado suyo, que necesite expresarse por medio del regalo o que te use como sustituto de otra persona que no encuentra —por ejemplo, si una chica no tiene novio y su novio mental lleva gorra, te regalará una gorra; no importa si nunca has llevado una. Aunque lo tuviera, podría seguir haciéndolo porque quisiera ampliar su poderío— o vete a saber. En cualquier caso, el propósito del regalo es satisfacer, en primer lugar, una necesidad de la persona que regala. No tiene en cuenta al destinatario.

Las noticias

Satisfacemos, erróneamente, nuestra necesidad de saber con las noticias. En realidad, las noticias son historias que podemos creer o no.
Como historias que son, al creerlas nos alejamos de la experiencia. Nos basta con la historia, que sustituye a la experiencia. Así creemos ir aprendiendo y sabiendo de todo.
Por otro lado, las noticias de las que uno se entera son una ínfima parte de los sucesos que ocurren en el mundo. Se puede pensar que son seleccionadas por su importancia, pero en el fondo no sabemos qué eventos nos afectan en mayor o menor medida. A veces no se trata de cercanía geográfica, política o económica —y demás—, y mucho menos si se pretende medir cómo afectará tal suceso a un individuo concreto como tú. Aunque tampoco se sabe del todo cuando se quiere hacer esto con los conceptos de, por ejemplo, sociedad o país. Ademas, a la hora de seleccionarlas suele haber intereses personales o de grupos o, como poco, opiniones subjetivas de individuos o grupos.
Después de las historias vienen las conclusiones personales, que se añaden a la historia y la hacen más fantasiosa y menos real todavía.
La necesidad de saber se satisface con el creer.

Teoría básica de publicidad

Los anuncios pretenden, por un lado, captar tu atención. Por otro lado, que te creas que lo que anuncian es igual de impresionante y prometedor que ellos. El anuncio intenta crear unas expectativas muy altas que, casi seguro, el producto no cumplirá.

Los eslóganes y los textos suelen ser breves, fáciles, con palabras sencillas que todo el mundo conoce, puede repetir y entender. El mensaje no tiene por qué estar relacionado directamente con el producto que se anuncia. Existen anuncios profundos o filosóficos que venden bebidas o coches. El propósito es confundir al público, haciéndole entender que el anuncio es el producto; que el anuncio provoca las mismas sensaciones que el producto; que con el producto obtendrá lo que el anuncio le ha hecho creer que obtendrá. Hay una promesa subliminal.

Si el público se lo ha tragado todo, fascinado por el anuncio, acude a por el producto. No sabe que, aunque en el anuncio salga el producto, son, en principio, cosas diferentes. Cuanto más se mimetice en la mente del público uno con otro, cuanto más se mezclen y cuanto más se vean como una misma cosa, más ganas tendrá la víctima de entregar su alma a cambio del producto.

El público, para no caer en esta vieja trampa y evitar convertirse en cliente, debe ver la experiencia de visualización del anuncio como algo separado al producto. Las sensaciones del anuncio son unas y las del producto son otras. No quieras repetir experiencias ni repetir el pasado. Debes saber aceptar el final del anuncio y de las emociones provocadas por él. No quieras alargar lo que ya acabó. Si se quiere se puede volver a ver y disfrutar muchas veces del anuncio. Con suerte nos cansaremos de él y no tendremos que recurrir al producto en busca de esa satisfacción. Para entenderlo mejor cabe decir que las personas que diseñan y crean el anuncio son otras que las que diseñan y crean el producto.

No dejes que las apariencias te nublen la conciencia y permanece atento, pues en poco está todo.

23 de marzo de 2016

Esta tarde me he sentado en un banco de la plaza. En un despiste mi mirada se ha cruzado con la de un señor que había por ahí. Me ha preguntado si podía hablar conmigo. Se ha puesto enfrente. Ha hablado unos 15 minutos, bastante enfadado, contándome historias sobre su oscuro pasado y la gente que le había jodido a lo largo de su vida. Lo más peculiar que ha dejado entrever ha sido que en su juventud había follado con hombres, que había sido delincuente y que había tenido cómplices policías —no he entendido exactamente para qué—. A mí no me apetecía hablar. Después se ha sentado y ha seguido hablando durante 20 minutos aproximadamente. El tono y el contenido de su conversación han dado un giro, y se ha sentado a mi lado. En este caso hablaba sobre su historial laboral, su presente y futuro, y a veces sonreía. También ha dicho que tenía por costumbre beber vino en grandes cantidades. A mi me seguía sin apetecer hablar, una situación con la que el hombre estaba encantado. Se ha puesto de pie como si se fuera a ir, pero primero ha pasado 10 minutos relatándome su biografía. En esta última fase intentaba hacer bromas, aunque eran malísimas, y se reía lenta y extrañamente. No sé qué me contaba, porque me he quedado muy concentrado mirando la línea donde el sol se convertía en sombra, que se acercaba peligrosamente hacia mí.

Convenciones sociales

Tengo un compromiso con una persona,
pero en realidad no me apetece cumplirlo.
Si no cumplo el compromiso, no me querrá;
si no me quiere, me pondré triste.
¡Cumpliré el compromiso,
aunque eso me ponga triste!

Otra forma de decir lo mismo, pero más tarde y triste:

Ayer estuve en un sitio
en el que no quería estar.
Y aguanté.
Por los demás.
¿Está esto bien?
Todos lo sabéis y yo lo sé,
pero nadie lo dirá.

Manual para seguir siendo uno más

Asegúrate una forma de pensar acerca de cómo deberían funcionar a nivel general y económico el mundo, tu país y sus gentes y decántate con convicción por algún partido político o ideología, no importa si mayoritaria o minoritaria. Sé firme y no la cambies pese al paso del tiempo y las experiencias.

Ten claro el concepto del bien y el mal. Siempre que ocurran sucesos, comenta y critica si te parecen loables o desdeñables. Aporta argumentos convincentes a favor o en contra y razona todo hasta la saciedad. Si para ti está mal, deja claro que no estás de su lado. Si está bien, deja claro que tú eres de los buenos.

Fíjate metas y objetivos futuros. Alégrate desmesuradamente cuando ganes o los consigas y enmohécete un poco cuando pierdas o algo salga mal. Si no encuentras contra quien competir, puedes usar una versión mental de ti mismo. Lo importante es ser el mejor (en qué no importa) o ser mejor cada día. Si no lo consigues, sigue luchando por ello. Hazlo indefinidamente, no te rindas. No estés satisfecho nunca, desea siempre más.

Elige algún área de estudio y obtén diplomas, haz cursos, estudia carreras, másteres y lo que se inventen. Conviértete en el mejor profesional del diminuto campo de la vida que has escogido.

Busca el reconocimiento de los demás, pero no los pidas directamente. Emprende acciones a través de las cuales puedas conseguir que los demás te acepten y respeten, pero sin que ellos tampoco te lo digan directamente.

Intenta definirte a ti y a todo cuanto te rodea con adjetivos. Compara todo lo que percibas con algo que ya conozcas.

No vayas solo a los sitios, no hagas cosas solo. Huye del silencio. Intenta estar donde haya mucha gente.

No dudes de ti ni de tu estilo de vida.

Ten ídolos e intenta seguirlos y alabarlos en la medida de lo posible. También puedes intentar imitarlos. Tenlos presentes cuando estés creando algo. Por ejemplo, si quieres ser músico, puedes tocar versiones o componer canciones parecidas a esas que tanto te emocionan. No te aventures a crear algo novedoso ni raro.

Pregunta cuanto puedas a conocidos o haz consultas a la hora de tomar decisiones y actuar en tu vida. No des un paso completamente por ti mismo.

No seas personal. No digas lo que piensas directamente. Da rodeos, déjalo para otro día o usa metáforas que contengan el mensaje real. Exprésate con generalidades, frases hechas, expresiones globales y abstractas y utiliza conceptos complicados. No concretes.

No hagas muchas preguntas y, si las haces, asegúrate de que por sí mismas limitan la respuesta lo máximo posible. Las mejores son aquellas cuya única respuesta es sí o no.

Piensa que mañana será mejor.

Piensa que este manual es una gilipollez.

Hacerse preguntas

Mientras estés contento con la felicidad material y con arreglar los disgustos que esa felicidad efímera conlleva, mientras te guste vivir en esa montaña rusa de subidones y bajones —a corto, medio o largo plazo—, entonces no te harás preguntas, porque no las necesitarás. Estarás ocupado solucionando los problemas del mundo material y no te interesará averiguar más. En vez de ir a la raíz de todos tus problemas, irás atendiendo a cada problema por separado.

Pero es inevitable que el día de las preguntas llegue. Los problemas son infinitos y no dejarán de surgir, lo que quiere decir que tienes más tiempo que todo el tiempo para cansarte y aburrirte de ir complicándote y solucionándote la vida una vez tras otra.
O, lo que es lo mismo: no puedes cambiar el hecho de que te volverá a surgir una complicación, pero sí puedes cambiar tu forma de entender esa complicación.