Manual para seguir siendo uno más

Asegúrate una forma de pensar acerca de cómo deberían funcionar a nivel general y económico el mundo, tu país y sus gentes y decántate con convicción por algún partido político o ideología, no importa si mayoritaria o minoritaria. Sé firme y no la cambies pese al paso del tiempo y las experiencias.

Ten claro el concepto del bien y el mal. Siempre que ocurran sucesos, comenta y critica si te parecen loables o desdeñables. Aporta argumentos convincentes a favor o en contra y razona todo hasta la saciedad. Si para ti está mal, deja claro que no estás de su lado. Si está bien, deja claro que tú eres de los buenos.

Fíjate metas y objetivos futuros. Alégrate desmesuradamente cuando ganes o los consigas y enmohécete un poco cuando pierdas o algo salga mal. Si no encuentras contra quien competir, puedes usar una versión mental de ti mismo. Lo importante es ser el mejor (en qué no importa) o ser mejor cada día. Si no lo consigues, sigue luchando por ello. Hazlo indefinidamente, no te rindas. No estés satisfecho nunca, desea siempre más.

Elige algún área de estudio y obtén diplomas, haz cursos, estudia carreras, másteres y lo que se inventen. Conviértete en el mejor profesional del diminuto campo de la vida que has escogido.

Busca el reconocimiento de los demás, pero no los pidas directamente. Emprende acciones a través de las cuales puedas conseguir que los demás te acepten y respeten, pero sin que ellos tampoco te lo digan directamente.

Intenta definirte a ti y a todo cuanto te rodea con adjetivos. Compara todo lo que percibas con algo que ya conozcas.

No vayas solo a los sitios, no hagas cosas solo. Huye del silencio. Intenta estar donde haya mucha gente.

No dudes de ti ni de tu estilo de vida.

Ten ídolos e intenta seguirlos y alabarlos en la medida de lo posible. También puedes intentar imitarlos. Tenlos presentes cuando estés creando algo. Por ejemplo, si quieres ser músico, puedes tocar versiones o componer canciones parecidas a esas que tanto te emocionan. No te aventures a crear algo novedoso ni raro.

Pregunta cuanto puedas a conocidos o haz consultas a la hora de tomar decisiones y actuar en tu vida. No des un paso completamente por ti mismo.

No seas personal. No digas lo que piensas directamente. Da rodeos, déjalo para otro día o usa metáforas que contengan el mensaje real. Exprésate con generalidades, frases hechas, expresiones globales y abstractas y utiliza conceptos complicados. No concretes.

No hagas muchas preguntas y, si las haces, asegúrate de que por sí mismas limitan la respuesta lo máximo posible. Las mejores son aquellas cuya única respuesta es sí o no.

Piensa que mañana será mejor.

Piensa que este manual es una gilipollez.

Hacerse preguntas

Mientras estés contento con la felicidad material y con arreglar los disgustos que esa felicidad efímera conlleva, mientras te guste vivir en esa montaña rusa de subidones y bajones —a corto, medio o largo plazo—, entonces no te harás preguntas, porque no las necesitarás. Estarás ocupado solucionando los problemas del mundo material y no te interesará averiguar más. En vez de ir a la raíz de todos tus problemas, irás atendiendo a cada problema por separado.

Pero es inevitable que el día de las preguntas llegue. Los problemas son infinitos y no dejarán de surgir, lo que quiere decir que tienes más tiempo que todo el tiempo para cansarte y aburrirte de ir complicándote y solucionándote la vida una vez tras otra.
O, lo que es lo mismo: no puedes cambiar el hecho de que te volverá a surgir una complicación, pero sí puedes cambiar tu forma de entender esa complicación.

¿Cómo se relaciona el ego con las tradiciones?

Tras presenciar otra noticia más sobre las fiestas del toro de Tordesillas, la parte de mí que quiere salvar al ser humano de su ego se ha activado y me he acabado interesando por cuáles podían ser las razones que provocaban una disputa tan abultada cuando el sentido común parece dejarlo todo en evidencia. Después de escuchar el breve reportaje y dar un paseo en bici conectado con la fuente de toda sabiduría, he dado con esta información. Probablemente muchos de los ciudadanos de Tordesillas que quieren seguir matando toros lentamente no sepan que su enfado —o más bien miedo— no tiene nada que ver las fiestas o los toros, sino con la continuidad o aniquilación de su ego.

Atados a su pasado —el plato preferido del ego—, los defensores de matar al toro de Tordesillas argumentan que la prohibición y/o eliminación no debe tener lugar porque esas fiestas son parte de la tradición y de la cultura —o incluso arte— de la zona, lo que no es otra cosa que justificar la continuación del evento por el mero hecho de haber tenido lugar en el pasado, es decir: que hay que seguir igual porque el año pasado así fue.
A pesar de la violencia que se desprenden de las fiestas del toro de Tordesillas, donde cualquiera ve agresividad, sangre, golpes, lanzas clavándose y una multitud enfervorecida y ansiosa —entre otras cosas—, los simpatizantes no son capaces más que de desear que se reproduzca el mismo final —la muerte del toro— precedido del mismo proceso —su tortura—.

¿Por qué no pueden ver los altos niveles de violencia y crueldad que se desatan contra el toro?
Al ego le encanta el pasado y hará cualquier cosa para que no se lo quites, incluso ignorar el sufrimiento de otros. Los ciudadanos que estén muy apegados a estas fiestas sentirán que si pierden estas fiestas, están perdiendo parte de su esencia como personas —ellas lo llaman tradición o cultura—. Así es como el ego los engaña, ya que no están perdiendo nada. No pueden ver la violencia porque el ego suele verse más a sí mismo y a su posibilidad de morir que a cualquier otra cosa.
Además, como prueba de la fragilidad y debilidad del ego, podemos ver que están buscando —porque lo hace su ego— su identidad en lo externo, en este caso el encierro y muerte del toro. A fin de cuentas, el supuesto disfrute que se genera proviene de la molestia de otro. Miles de humanos dependen de un toro para ser felices durante un rato. ¿A qué dedicarían ese rato si les quitaran esas fiestas y el toro? Esa es una pregunta que probablemente no se quieren hacer. Aquí también podemos ver miedo a la libertad. No quieren liberarse de sus tradiciones ni de su pasado.
Por hacer una analogía, la libertad es el desconocimiento del futuro, no saber qué va a pasar mañana, pasado, el próximo mes ni el año que viene. En cambio, una tradición bien instaurada y a gusto de todos nos garantiza, en este caso, que cada año se van a celebrar las fiestas. El solo hecho de creer —y digo creer porque no se puede saber— que se van a celebrar esas fiestas/tradiciones elimina la indeseada incertidumbre y proporciona cierta tranquilidad y planes para esos días, cosas que al ego le encantan.

También cabe decir que las fiestas del toro de Tordesillas han sido el ejemplo que me ha motivado y del que he escrito aquí, pero podemos aplicar esta información a multitud de tradiciones y simplemente a estados del ser humano que se perpetúan en el tiempo, ya sea individual o colectivamente, y acaban siendo tradiciones, aunque quizás con otros nombres. Muchas veces es el miedo a la libertad lo que hace que alguien permanezca en una situación, a pesar de que esta sea desfavorable, violenta, desagradable, nociva o implique un calvario.

El ego en los niños

Esta noticia (Niños de seis años con anorexia: la obsesión por el peso ya afecta a los más pequeños) es un ejemplo de cómo, progresivamente, los problemas, traumas, complejos, etcétera, de los seres humanos van instalándose en ellos a edades cada vez menores.
Una de las causas reside en los seres humanos más mayores, ya que son los que de alguna manera deciden cómo funciona el sistema económico, social, cultural, ideológico y otros. En un principio —aunque habría que comprobarlo, y no sé cómo, y pronto podría dejar de suceder—, los recién nacidos vienen al mundo limpios en ese respecto, sin ideologías ni teorías sobre política, cuerpo, amistad, solidaridad, derechos, deberes, cultura o dinero. Es por el contacto con otros seres humanos por lo que van desarrollando, como si fuera un contagio, el mecanismo (conocido como ego) que les creará ideas y pensamientos que les harán caer en enfermedades, traumas, conductas desequilibradas, actitudes violentas, sufrimiento y un sinfín de disfunciones humanas.
En los últimos tiempos este mecanismo está creciendo en unas cantidades y a una velocidad que quizás no se hayan dado previamente en la historia de la humanidad. Antes, quizás por no ser tan fuerte ni estar tan desarrollado, los niños podían ser niños durante más tiempo.
Los adultos entendemos como relativamente aceptable o explicable que una persona experimente trastornos de la alimentación a los veinte años —y que el resto de su vida tenga que mantener un equilibrio con su mente para llevar una existencia más o menos alegre—. Eso sí, seguramente cualquiera se horrorice al ver el título de esta noticia. ¿Es más aceptable una edad que otra?
En cualquier caso son estados antinaturales, estados que han sido alterados con respecto al estado natural del ser humano, que está olvidado en la mayoría de los habitantes del planeta. Es un estado que no tiene nada que ver con el que está mayoritariamente instalado. El ego, el mecanismo causante de tales estados, no es parte de la esencia del ser humano, y es por ello que, aunque los médicos todavía no la conocen, existe una forma, que no necesita científicos, de erradicar todos esos comportamientos desviados y anormales. No es la ciencia la que va a salvar al mundo.