la mente

he salido a la calle
he oído hablar
a mi imaginación

me ha sugerido que podía
dejarme llevar
por una ilusión

y yo he pensado
y yo he pensado
para qué

un nuevo día
ha vuelto a proponer
ser una imitación

veinte horas me ha pedido
si podía traicionar
a mi corazón

y yo he dicho
y yo he dicho
para qué

Carta a la luna

Dirigirme a ti, después de tanto,
¡qué extraño!
Es que las noches suelo
pasarlas enredado.
Sabrás tú más de mí,
me has estado observando;
yo hace poco descubrí tu país,
ese infinito azul y blanco.
No es tu tierra la que piso,
¿me entenderás cuando te hablo?
Nuestros ritmos son distintos,
parece complicado relacionarnos.
Lo pequeña que pareces
no trasluce lo que eres,
ni tus alrededores oscuros:
iluminas como nadie en el mundo.
Ahora que te miro, pienso
que de los dos, yo el raro;
y da igual, porque me has enseñado
que en ello
no hay nada de malo.

Convenciones sociales

Tengo un compromiso con una persona,
pero en realidad no me apetece cumplirlo.
Si no cumplo el compromiso, no me querrá;
si no me quiere, me pondré triste.
¡Cumpliré el compromiso,
aunque eso me ponga triste!

Otra forma de decir lo mismo, pero más tarde y triste:

Ayer estuve en un sitio
en el que no quería estar.
Y aguanté.
Por los demás.
¿Está esto bien?
Todos lo sabéis y yo lo sé,
pero nadie lo dirá.

El momento de ir al baño

Recuerdo llegar tarde siempre.
Recuerdo hablar, comer y beber.
Recuerdo el ambiente de alboroto
y la abundancia de gente.
Recuerdo hasta conversaciones filosóficas.
Recuerdo reírme y hablar de casi todo.
Recuerdo los cigarros y, a veces, fumar.
Recuerdo la música de fondo.
Recuerdo, por supuesto, los tonteos con alguna.
Recuerdo mirar los hielos aguados.
Recuerdo especialmente el silencio de ir al baño.