Panecillos integrales | la plaza de Dia

Este truco también está muy extendido: vender productos integrales que en realidad tienen harina blanca y una cantidad de salvado, muchas veces incierta, aunque indicada en este caso.
En definitiva: panecillos integrales sin harina integral: ¿magia?
Para saber más sobre este tema de las harinas:
1. Leer el etiquetado: rico en fibra no es integral
2. Pan de molde de Nik y por qué prefiero los cereales integrales

Steviol | Naturgreen

Se recomienda leer antes de comprar.
«Naturgreen» muestra un título muy grande y un texto pequeñito, aunque en los ingredientes se invierten las proporciones. El gran Steviol se reduce a un 2,4% de glucósidos de esteviol. El resto es eritritol.

 

Introspección sobre el deseo

Hace años Paola señaló un escaparate y me dijo que cuando consiguiera «esas zapatillas», sería «feliz». Entonces no interpreté esa frase literalmente, sino como una forma de hablar, pero me sonó algo rara y todavía hoy recuerdo a las dos.

El objeto de deseo puede ser unas zapatillas que no se tienen, una situación vital de la que no se goza, la realización de un evento futuro, conseguir a una persona que no se tiene y cualquier cosa imaginable, siempre y cuando su logro corresponda al futuro, rara o ninguna vez si ya se ha llevado a cabo.
En realidad lo que se desea es la persona futura en la que te convertirá la consecución de ese deseo.
Suele ocurrir que la razón subyacente al deseo es la suposición de que su consecución implicará un antes y un después en tu vida, te completará con eso que te falta, te hará una persona distinta y mejor. Pero no puedes añadir nada a lo que eres ni mutar en otra persona, y menos mediante un evento.

Desear no es algo malo o negativo, siempre y cuando no sea el deseo quien tiene el control de la persona.

Cuando el deseo gobierna a la persona, esta recorre caminos tortuosos que no quiere recorrer. La mente está enfocada en el producto final, se desprecia el proceso que conduce hacia ese objetivo deseado, y así el camino se convierte en una lucha fastidiosa, casi como un obstáculo. «Lucha por tus sueños» es una frase extendida que suele tener éxito. Es posible que te encuentres deseando que llegue el final de tu proceso lo antes posible, situándote en la posición equivocada por la cual crees que el momento final —el futuro— te enriquecerá y vale mucho más que el transcurrir del camino —el presente— y que, consecuentemente, vale la pena luchar. Pero lo cierto es que si el camino no es uno de paz, el final tampoco lo será —en realidad el final no existe—. En algún momento del camino tiras tu paz a la cuneta y conviertes en obligación lo que supuestamente era un deseo, en principio, por qué no, motivo de alegría.
El deseo te mantiene alejado del presente mediante la creación de bellas expectativas sobre tu futuro, que absorben tu atención.
En ocasiones, tras conseguir el objetivo, la exaltación inicial se desvanece al poco en pro de otro nuevo deseo, que te sigue manteniendo de nuevo en tensión hasta otra fecha lejana y emocionante, viviendo así en un constante enganche a expectativas futuras sobre un ilusorio yo mejor que el actual.

La reducción o eliminación del deseo puede llevarnos a la libertad de hacer las cosas sin ansiedad por acabarlas y sin la obligación ni la necesidad de completarlas, con la consiguiente paz que eso aporta y el incremento de la calidad de presente —vida— y futuro —resultado—. No es necesario nada externo a uno mismo para ser feliz.

El deseo es también uno de las herramientas básicas del ego para subsistir. La esperanza por un futuro mejor y el posterior logro aportan identidad a la persona. ¿Qué serías sin tus deseos?

En algunos casos, no todos, para comprobar la utilidad o necesidad de nuestro deseo, podemos preguntarnos para qué en lugar de por qué.

dos superficiales

aunque cuando nos veíamos
ya estábamos muy lejos
ahora desde la distancia
claro que me acuerdo de ti

chica de los grandes eventos
del materialismo y del futuro
y te quiero
y te deseo lo mejor

ahora que no nos vemos
siento que es más profunda
nuestra relación

Introspección sobre los tatuajes

Un tatuaje potencia la —quizás ya alta— identificación de la persona con su cuerpo. Es esta la idea que subyace a todas las siguientes.

Cuerpo
Conseguir alterar algo sobre lo que aparentemente no teníamos control, el cuerpo, aumenta la sensación de poder sobre la vida de uno mismo.

Simbolismo
Si el tatuaje tiene una historia y un significado, se añade una carga de profundidad a algo superficial, valga la paradoja. Puede ser la expresión de una idea, una historia o un rasgo del carácter de la persona.

Sacrificio
Los sacrificios económico y físico implican una participación activa en el proceso.
En el físico, nos encontramos ante la paradoja de que aunque lo que se requiere del tatuado es la no-acción, esta persona sufre. Mediante la extendida lógica de que el sufrimiento y el sacrificio son necesarios —e incluso evidencias— para lograr el éxito, se deduce que este hecho proporciona valor al tatuaje y méritos al tatuado.

Diferenciación
En el momento en que la persona se hace su primer tatuaje pasa a pertenecer al grupo de personas tatuadas, distinguiéndose así como poseedora de cierta sensibilidad o ideología que solo otros tatuados comprenden.

Visibilidad
El cuerpo como obra de arte: aumentan las posibilidades de ser mirado, con el erotismo que eso puede conllevar.
Además, es una forma de expresión pública permanente, aunque aquí la visibilidad depende de la zona del tatuaje. En cualquier caso, para la persona sí es una expresión materializada siempre disponible, ya que puede verlo o pensar en él cuando quiera.

Unicidad
El tatuaje suele ser único, aunque no siempre. Cuando es único, ese sentimiento de originalidad se transporta a la persona. La persona se siente diferente, puede vislumbrar esa unicidad que, en realidad, ya tiene sin el tatuaje, pero que quizás no consigue ver.
Si el tatuaje no es único puede reforzar el sentimiento de pertenencia a la vez que el de diferenciación, ya que además estaría perteneciendo a una minoría dentro del grupo de tatuados o quizás a alguna persona admirada en concreto, válgame como segunda paradoja de la introspección.

Posesión
El tatuaje es visto como un ente que acompañará cada segundo de la vida. Al no poder ser arrebatado ni robado, la persona puede aferrarse a él y al simbolismo e ideas que lo acompañan con la seguridad de que no será abandonada, como la fiel y segura compañía de un perro que fuera inmortal, ante la tan frecuentemente no aceptada impermanencia de todas las formas.

mirar hacia otro lado

tener una sensación
pero mirar hacia otro lado
por costumbre y tradición
repetir el pasado

tener una sensación
pero no querer verla
si mi alrededor dice que no
no quiero ser yo una rareza

esperando a que otro lo haga
por miedo a ver qué pasa
tener una sensación y ocultarla
hará de ti una persona falsa

las ficciones de la realidad

todas las leyes
solo valen
si alguien las defiende
y todas las propiedades
solo valen
si todos mienten
y todos los planes
solo valen
en un lugar estable

esos y otros mundos solo son
pequeñas creaciones
para entretenerse
y son observados
por uno inabarcable