el drama

hay un deseo secreto
de que no acabe el sufrimiento
en muchos de los individuos
que lo padecen

porque entonces quedarían
libres los días
las horas vacías

y eso es la muerte
para quien se identifica
con la mente

Análisis: la disculpa condicional

Mediante las fórmulas de este estilo, el protagonista consigue no pedir perdón pronunciando la palabra «perdón», lo que aparenta ser suficiente, pero probablemente deje en el público un amargor sin identificar, y con razón.

Lo que el protagonista está diciendo es que solo pide perdón en caso de que sus actos hayan tenido consecuencias; si no ha ofendido, no pide perdón. Es decir, no está pidiendo perdón por los actos mismos y no depende de él si pide perdón o no. Se requiere la ocurrencia de otro evento, uno externo a él, para que pida perdón.
Deja su acción de pedir perdón a expensas de los demás, cuando lo que debería quedar en manos de los demás es aceptarlo o no.

Este método es una maniobra perfecta para quedar bien sin tener que retractarse interiormente. A una mente superficial le parece suficiente percibir la materialización sónica de la palabra «perdón», pero la forma de utilizarla en el discurso la ha engañado.

Se podría concluir que alguien que pide perdón condicionalmente no tiene intención real de pedirlo, porque no lo siente así.
En última instancia, ni siquiera la frase «Pido perdón» asegura que esté pidiendo perdón, sino que podría tener un carácter puramente descriptivo —de una situación, como vemos, bastante hipotética—. Decir que haces algo no implica que estés haciéndolo.

Análisis: hacer, querer hacer y decir que quieres hacer

En este tipo de mensajes parece que el protagonista tiene intención de hacer algo —en este caso mandar un mensaje de apoyo y ánimo—, aunque ese algo, el mensaje, no aparece por ningún lado. Lo que sí se ve es un mensaje diciendo que quiere mandar un mensaje de apoyo y ánimo.

Después también quiere esperar que se recuperen pronto.

Hay que tener en cuenta que, normalmente, que alguien quiera hacer algo es signo de que no lo ha hecho o no lo está haciendo.

Otra interpretación, pero solo válida para la segunda parte, es que «esperar» sea una forma impersonal de infinitivo que pretenda sustituir a la persona del que escribe, lo que situaría al protagonista esperando en vez de queriendo esperar.

Hicieron las leyes

para los que quieren tener la razón,
pero no usarla entre dos;
para los que quieren perderse
entre papeles que establecen límites
que solo existen en papeles;
para el que ha perdido la capacidad de entenderse
con los que son como él;
para el que necesita que le digan cómo pensar;
para el que busca y necesita otro papá y otra mamá;
para los que buscan la estabilidad,
aunque siempre está por llegar;
para el que cree que un día
la ley se perfeccionará.

Introspección sobre inmortalizar los momentos

No hay duda de que esta actividad te aleja del momento. La realidad pasa a ser vista a través de una pantalla, tu atención se desvía a una cámara y a los requerimientos para que saque el mejor encuadre posible. Tu función es inmortalizar el momento que otros están viviendo, y así solo consigues perdértelo, lo cual sí es para siempre al no haber dos momentos iguales.
Además, no estar en consonancia con la constante del cambio de las formas va contra la esencia de esta vida material que disfrutas.

La documentación con fotos y vídeos de los momentos, lugares y personas podría deberse a una incapacidad para apreciar el presente, teniendo que centrarte en algo distinto a lo que está ocurriendo, acción que genera la posibilidad de contemplar en el futuro una imagen de lo que ya se te ha pasado.

Si vives el momento no puedes inmortalizarlo, y viceversa. Allá tú.

Introspección sobre la música de fondo en las reuniones

Esencialmente su función es hacer imposible que se dé el silencio completo. Para algunas personas nada más que un par de segundos de silencio total pueden resultar aburridos, incómodos o insoportables. De esta forma se evita, porque podría provocar:
individualmente, que la mente se aburra por no estar recibiendo más información o que algunos pensamientos indeseados empiecen a brotar sin control;
en la relación con los otros, que los seres reunidos se vean en la situación de disponerse a recibir y a dar una atención que quizás no están preparados para dar ni para recibir. A veces es un alivio saber que nadie nos está escuchando de verdad y que podemos atender distraídamente al resto.

Así que la música se usa para entretener a la mente y para distanciarse y no implicarse al completo en la relación. Y es paradójico, puesto que tiene apariencia de vínculo entre los que se reúnen, que dicen estar compartiendo gusto musical. Sin embargo, la relación entre las personas siempre será más profunda y real si se establece directamente y no a través de medios externos.

La presencia del silencio puede ayudarnos a descubrir quiénes somos en realidad. Y eso, obviamente, es aterrador y odioso para quien intenta, mintiendo, ser nosotros.

sospecha

sospecha de los filósofos
que inventan preguntas
y saben lo que todos

también de los científicos
que solucionan problemas
mientras crean otros

sospecha del amor
si a veces es y a veces no

sospecha de los planes
que auguran felicidad
incluyendo desastres

sospecha de lo que quieres
para qué lo persigues
sospecha de lo que te promete

sospecha de lo que haces
ahonda en las razones
y cuestiona que las sabes

sospecha de tener ideales
si hacen que te enfades
con quien no los tiene iguales

sospecha del camino
de convertirte en otro yo
si solamente uno nació

Introspección sobre las muertes de los demás

Vivimos dando por sentado que vamos a durar al menos tantos años como la esperanza de vida de nuestro entorno, hasta hacernos viejos y con suerte un poco más.
Por eso, cuando muere un anciano no nos da tanta pena ni acongoje como cuando muere un niño o un joven. Nos entumecemos un poco, pero a la vez sentimos cierta tranquilidad, porque entendemos esa muerte como correcta y lógica y porque, la mayoría, nos vemos todavía alejados de esa edad y, por lo tanto, de la muerte correcta y lógica que ligeramente suponemos.
También existe el pensamiento subterráneo de que sin la posibilidad de realizar grandes esfuerzos y actividades físicas no se puede aprovechar la vida al máximo, por lo que un anciano, al morir, no se ha perdido tanto como un joven, como si el grado de actividad fuera un aspecto de la felicidad o de la plenitud.

Cuando muere un niño o un joven, aparece ante nosotros la posibilidad de morir antes de la fecha de nuestro calendario mental y nos aterra pensar que nosotros podamos acabar también demasiado pronto. Pensamos que el joven o niño ha muerto antes de lo previsto. Se suele decir que le quedaba mucho por vivir, como si la cantidad de tiempo fuera un aspecto de la felicidad o de la plenitud. Como organizamos toda nuestra vida en torno a la idea de que moriremos viejos, tenemos decenas y cientos de planes ocultos para nuestra vida futura y al ego le disgusta mucho que le trastoquen sus predicciones, tanto más cuanta más felicidad le prometan.

En cualquier caso la muerte es vista como un error de la creación, y como tal le tenemos miedo.