Autor: X + Y

Introspección sobre la confirmación de tus ideas

Ya sean positivas o negativas, útiles o inútiles, para poder seguir teniendo tus ideas, tu ideología, tu opinión sobre ti mismo y sobre el funcionamiento del mundo, necesitas personas y experiencias que confirmen que todo eso es así, tal como ya lo ves y lo piensas.
Cuando tus ideas son lo que conforman tu identidad, quieres seguir sabiendo quién eres. No quieres dejar de saber quién eres, no quieres morir.
Además, tus interpretaciones siempre van a guiarse por los mismos parámetros, ya que no puedes ver fuera de ti lo que no consigues ver dentro.
Por lo tanto, como ya habrás podido comprobar, el mundo es justamente como crees que es. Y cada cierto tiempo lo vas confirmando. Qué casualidad, ¿no? Y que a todo el mundo le pase lo mismo…

Introspección sobre las palabras

Las palabras sirven para entendernos, pero no debemos confundirlas con las cosas de las que hablan.
Cualquier concepto o palabra necesita otros conceptos o palabras para existir, que a su vez necesitan otros conceptos o palabras para existir, y así sucesivamente. Esto quiere decir que las palabras solamente significan otras palabras, es decir, que nunca puedes llegar a conocer la esencia de algo mediante las palabras. O sea, que para explicar qué es cualquier cosa, como por ejemplo el agua, puedes seguir preguntando eternamente «¿Y qué es eso?» a las palabras que aparezcan en cada definición, nunca llegando a nada más que otra palabra.
Por otro lado, una palabra es únicamente una sucesión de sonidos que se producen cuando vibra el aire.
No caigas en la trampa de pensar que sabes quién es alguien por conocer las palabras que se le adjuntan. Nadie es una palabra ni mil.
Nunca alcanzarás la verdad última ni la realidad absoluta dentro del mundo de las palabras. Te acercarás más cuando las ignores.
Ni las cosas ni las personas SON palabras.

Introspección sobre lo peligroso de tener razón

Dependiendo de lo identificado que estés con tus ideas, más o menos atacado por el mundo te sentirás. Es decir: cuanto más creas que tienes razón, en el momento en el que una situación o alguien te contradiga, más te esforzarás por defender esas ideas, frente a lo que surja o simplemente en tu cabeza. Y entonces: violencia ocular, gestual, verbal, física, etc.
Así, el ser humano puede llegar a matar por unas ideas, ya que siente que está defendiéndose a sí mismo. Cuando atacan sus ideas, se siente atacado él, ya que esa es su identidad. O eso cree.
Esta identificación con las ideas o pensamientos, con la mente, se conoce con el nombre de ego y proporciona una sensación del yo falsa.
La trama maquiavélica es que cuando te identificas con tus ideas no te das cuenta. De eso justamente trata la identificación, y entonces esta introspección te parece una chorrada.

Introspección sobre la libertad y la expresión

Aunque parece que para que exista libertad al expresarse, tiene que haber alguien ajeno a uno mismo, leyes o normas que la garanticen, a la hora de valorar si existe libertad en un acto de expresión hay que prestar atención al individuo y al contenido de lo que expresa. Si el contenido necesita y depende de otros para su existencia, difícilmente el acto de expresión será libre, aunque se le den todos los permisos al que se expresa. Habría que preguntarse si la persona está pensando independientemente o está sujeta a la existencia de otros para construir sus mensajes. Habría que ver para qué valdrían esas ideas si desaparecieran sus enemigos.

Si además el ser humano cree que sus ideas deben ser respetadas, toleradas, aceptadas, escuchadas, admiradas o algo parecido, pasaría entonces a ser un esclavo dependiente del público, probablemente en una relación de amor y odio.

La expresión libre no necesita ni ser publicada. La expresión auténtica y natural es independiente por naturaleza. No necesita para su existencia a nadie más que al que se expresa. No va contra nadie ni a favor de nadie, va a lo suyo. Por eso es libre. Y el que expresa se siente realizado y pletórico con el mero acto de la expresión, no necesita más y sabe que no es tarea suya ser escuchado, que su labor acaba tras el punto de la última palabra.

Introspección sobre las manifestaciones clasificadas como pacíficas

Quedarse quieto suele interpretarse como símbolo de paz, pero las leyes físicas dicen que cualquier cuerpo, incluyendo el humano, está ejerciendo una fuerza por el simple hecho de ser, estar, existir. Es la fuerza que te mantiene pegado al suelo y evita que flotes eternamente por el espacio.
Cuanta más superficie esté en contacto con el suelo, más fuerza hay que hacer para desplazar al cuerpo. De ahí que muchas veces los dueños de los cuerpos optan por sentarse o tumbarse. Así se incrementa la fuerza necesaria para su movimiento.
Toda esta fuerza es silenciosa y se ejerce sin aspavientos, justo al contrario que la que realizan las personas que los intentan desplazar o ahuyentar. Con esto se logra que parezca que la fuerza proviene únicamente de una parte.
El hecho de que se esté ejerciendo fuerza en un sentido o por un bando es la prueba de que se está empleando fuerza en el otro sentido o por otro bando.

Introspección sobre el prefijo ex

El ser humano, en su afán desmesurado por poseer y por apegarse al pasado, ha sido capaz de inventar un prefijo que ayude a hablar sobre todo eso que no es, que no existe, que no se tiene, sobre todas esas cosas que acabaron. Así, por ejemplo, cuando se deja de tener novio, en lugar de, por así decirlo, volver al punto anterior al novio , aceptar que no se tiene nada y que no hay relación, se pasa a tener exnovio.

el drama

hay un deseo secreto
de que no acabe el sufrimiento
en muchos de los individuos
que lo padecen

porque entonces quedarían
libres los días
las horas vacías

y eso es la muerte
para quien se identifica
con la mente

Análisis: la disculpa condicional

Mediante las fórmulas de este estilo, el protagonista consigue no pedir perdón pronunciando la palabra «perdón», lo que aparenta ser suficiente, pero probablemente deje en el público un amargor sin identificar, y con razón.

Lo que el protagonista está diciendo es que solo pide perdón en caso de que sus actos hayan tenido consecuencias; si no ha ofendido, no pide perdón. Es decir, no está pidiendo perdón por los actos mismos y no depende de él si pide perdón o no. Se requiere la ocurrencia de otro evento, uno externo a él, para que pida perdón.
Deja su acción de pedir perdón a expensas de los demás, cuando lo que debería quedar en manos de los demás es aceptarlo o no.

Este método es una maniobra perfecta para quedar bien sin tener que retractarse interiormente. A una mente superficial le parece suficiente percibir la materialización sónica de la palabra «perdón», pero la forma de utilizarla en el discurso la ha engañado.

Se podría concluir que alguien que pide perdón condicionalmente no tiene intención real de pedirlo, porque no lo siente así.
En última instancia, ni siquiera la frase «Pido perdón» asegura que esté pidiendo perdón, sino que podría tener un carácter puramente descriptivo —de una situación, como vemos, bastante hipotética—. Decir que haces algo no implica que estés haciéndolo.

Análisis: hacer, querer hacer y decir que quieres hacer

En este tipo de mensajes parece que el protagonista tiene intención de hacer algo —en este caso mandar un mensaje de apoyo y ánimo—, aunque ese algo, el mensaje, no aparece por ningún lado. Lo que sí se ve es un mensaje diciendo que quiere mandar un mensaje de apoyo y ánimo.

Después también quiere esperar que se recuperen pronto.

Hay que tener en cuenta que, normalmente, que alguien quiera hacer algo es signo de que no lo ha hecho o no lo está haciendo.

Otra interpretación, pero solo válida para la segunda parte, es que «esperar» sea una forma impersonal de infinitivo que pretenda sustituir a la persona del que escribe, lo que situaría al protagonista esperando en vez de queriendo esperar.