Introspección sobre las noticias

Satisfacemos nuestra necesidad de saber con las noticias, aunque estas en realidad solo son historias que podemos creer o no.
Como historias, al creerlas nos alejamos de la experiencia, que es sustituida por la historia. Así creemos ir aprendiendo y sabiendo de todo.
Por otro lado, las noticias de las que uno se entera son una ínfima parte de los sucesos que ocurren en el mundo. Se puede pensar que son seleccionadas por su importancia, pero en el fondo no sabemos qué eventos nos afectan en mayor o menor medida. A veces no se trata de cercanía geográfica, política o económica, y mucho menos si se pretende medir cómo afectará tal suceso a un individuo específico como tú, y tampoco exactamente si se trata de un país, provincia o sociedad, y menos todavía si es a medio o largo plazo. Ademas, a la hora de seleccionarlas puede haber intereses o criterios personales o de grupos.
Después de las historias vienen las conclusiones personales, que se añaden a la historia y a conclusiones de otros y hacen todo más fantasioso y menos real todavía.
La necesidad de saber es tan grande que se satisface sin certezas.

Teoría básica de publicidad

Los anuncios pretenden, por un lado, captar tu atención. Por otro lado, que te creas que lo que anuncian es igual de impresionante y prometedor que ellos. El anuncio intenta crear unas expectativas muy altas que rara vez cumple el producto.

Los eslóganes y los textos suelen ser breves, fáciles, con palabras sencillas que todo el mundo conoce, puede repetir y entender. El mensaje no tiene por qué estar relacionado directamente con el producto que se anuncia. Existen anuncios profundos o filosóficos que venden bebidas o coches. El propósito es confundir al público, haciéndole entender que el anuncio es el producto; que el anuncio provoca las mismas sensaciones que el producto; que con el producto obtendrá lo que el anuncio le ha hecho creer que obtendrá. Hay una promesa subliminal.

Si el público se lo ha tragado todo, fascinado por el anuncio, acude a por el producto. No sabe que, aunque en el anuncio salga el producto, son, en principio, cosas diferentes. Cuanto más se mimetice en la mente del público uno con otro, cuanto más se mezclen y cuanto más se vean como una misma cosa, más ganas tendrá la víctima de entregar su alma a cambio del producto.

El público, para no caer en esta vieja trampa y evitar convertirse en cliente, debe ver la experiencia de visualización del anuncio como algo separado al producto. Las sensaciones del anuncio son unas y las del producto son otras. No quieras repetir experiencias ni repetir el pasado. Debes saber aceptar el final del anuncio y de las emociones provocadas por él. No quieras alargar lo que ya acabó. Si se quiere se puede volver a ver y disfrutar muchas veces del anuncio. Con suerte nos cansaremos de él y no tendremos que recurrir al producto en busca de esa satisfacción. Para entenderlo mejor cabe decir que las personas que diseñan y crean el anuncio suelen ser otras que las que diseñan y crean el producto.

No dejes que las apariencias te nublen la conciencia y permanece atento, pues en poco está todo.

la mente

he salido a la calle
he oído hablar
a mi imaginación

me ha sugerido que podía
dejarme llevar
por una ilusión

y yo he pensado
y yo he pensado
para qué

un nuevo día
ha vuelto a proponer
ser una imitación

veinte horas me ha pedido
si podía traicionar
a mi corazón

y yo he dicho
y yo he dicho
para qué